Para disfrutar el día a día de nuestra vida hemos de tener conciencia de las emociones que estamos sintiendo pero nos da miedo reconocerlas y preferimos enrolarnos en nuestras actividades cotidianas para distraernos de lo que nos está gritando nuestro ser interno y no es sino hasta que nos sucede algo doloroso que nos obliga a detenernos, porque nuestro estado de ánimo se derrumba y es cuando algunas veces nos atrevemos a aceptar las emociones negativas que estamos sintiendo. Idealmente, así como atendemos la salud de nuestro cuerpo físico tendríamos que atender nuestra salud emocional y paradójicamente las enfermedades físicas muchas veces son el resultado final de un estado emocional no atendido.

La emocionalidad rige nuestras vidas, si estamos viviendo un buen momento nos sentimos motivados, energéticos, positivos y decimos que estamos felices. Cuando se nos presentan las adversidades, inevitables en cualquier vida humana, la energía de nuestro cuerpo se disminuye, nos sentimos cansados, de mal humor, algunos comen de más y a otros se les quita el hambre, el semblante cambia de expresión y no hay luz en la mirada, nos percibimos en un mal estado de ánimo.

El procurar tener una buena salud emocional nos permite valorar todo lo bueno que nos presenta la vida y gozarlo, además de que al generar pensamientos positivos nuestro cerebro segrega sustancias químicas que nos hacen sentir placer, excitación, satisfacción, le hacemos bien a nuestro cuerpo físico. Para lograr una buena salud emocional hemos de hacer un trabajo interno, de introspección, la mayoría de las veces muy doloroso, en que hemos de ser muy honestos con nosotros mismos sin auto-engaños y muy valientes, porque tenemos que llegar a la raíz de lo que nos ha provocado nuestro desequilibrio emocional durante toda nuestra vida y a partir de ahí ir desentrañando la madeja de resentimientos y rencores celosamente guardados en las profundidades de nuestra memoria e ir sanando cada una de las heridas y en ese proceso nos vamos reconociendo a nosotros mismos y aceptándonos con todas nuestras cualidades y virtudes y con todas nuestras deficiencias y defectos, como seres humanos imperfectos , y desde ése nuevo lugar, valoramos que la vida es un camino de aprendizaje continuo y que somos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hablamos y lo que actuamos y al vivir en congruencia, entonces tendremos la capacidad de vivir en plenitud y gozar cada momento, y cuando se nos presenten las adversidades estaremos bien armados para enfrentarlas, no sin dolor ni sufrimiento, pero con la seguridad y confianza en uno mismo de que saldremos adelante con nuestras propias capacidades.

Encarando nuestras emociones es la única manera de lograr una buena salud emocional y sin duda alguna es la piedra filosofal para vivir una vida plena y feliz a pesar de las adversidades que se nos vayan presentando en el camino de la vida.